BONDAD INESPERADA

"Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí." Mateo 25:35,36
Los de Judá no esperaban misericordia de sus hermanos de las otras diez tribus. Siempre resultaron desastrosas las pocas alianzas que hubo entre ellos, y en muchas oportunidades habían estado en guerra.
En tiempos del idólatra rey Acaz, Jerusalén fue atacada por los sirios y luego por sus hermanos del reino del norte. En ambas contiendas, los judíos sufrieron duras derrotas. El ejército de Peka, rey de Israel mató a ciento veinte mil de sus mejores hombres y se llevaron gran cantidad de cautivos. El relato bíblico dice:
"Tomaron cautivos de sus hermanos a doscientos mil, mujeres, muchachos y muchachas, además de haber tomado de ellos mucho botín que llevaron a Samaria. Había entonces allí un profeta de Jehová que se llamaba Obed, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y les dijo: He aquí, Jehová el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habéis matado con ira que ha llegado hasta el cielo. Y ahora habéis determinado sujetar a vosotros a Judá y a Jerusalén como siervos y siervas; mas ¿no habéis pecado vosotros contra Jehová vuestro Dios? Oídme, pues, ahora, y devolved a los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos; porque Jehová está airado contra vosotros". 2ª Crónicas 28:8-11
Dios había prohibido expresamente a los israelitas que esclavizaran a sus hermanos o que los trataran duramente  (ver Lev. 25: 42-46). El incidente que siguió al llamado de Obed constituye un caso singular de inesperada misericordia.
"Entonces se levantaron algunos varones de los principales de los hijos de Efraín, Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de Mesilemot, Ezequías hijo de Salum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venían de la guerra. Y les dijeron: No traigáis aquí a los cautivos, porque el pecado contra Jehová estará sobre nosotros. Vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo muy grande nuestro delito, y el ardor de la ira contra Israel. Entonces el ejército dejó los cautivos y el botín delante de los príncipes y de toda la multitud.Y se levantaron los varones nombrados, y tomaron a los cautivos, y del despojo vistieron a los que de ellos estaban desnudos; los vistieron, los calzaron, y les dieron de comer y de beber, los ungieron, y condujeron en asnos a todos los débiles, y los llevaron hasta Jericó, ciudad de las palmeras, cerca de sus hermanos; y ellos volvieron a Samaria" 2ª Crónicas 28:12-15
No solamente dejaron libres a los cautivos, sino que los atendieron debidamente, les devolvieron el botín que habían tomado y los llevaron a salvo hasta Jericó.
¿Por qué se tomaron todas estas molestias?
Seguramente obraron como el profeta Eliseo cuando cegó la vista al ejército de Siria y luego les perdonó la vida, les dieron de comer y los enviaron a salvo (ver 2ª Reyes 6:8-23).
Es lo que se espera de todo hijo de Dios; que sea misericordioso con los que no merecen misericordia, que sea amante, compasivo y generoso. Lamentablemente, resulta más frecuente encontrar estas obras misericordiosas entre aquellos que consideramos apartados de Dios y no entre los profesos creyentes.
El relato muestra además algunos elementos dignos de resaltar:
  1. Aún entre los descarriados israelitas había un grupo de hombres justos.
  2. Estos estuvieron dispuestos a seguir el consejo del profeta
  3. Sus líderes fueron los primeros en interceder a favor de los cautivos. 
  4. Estuvieron dispuestos a reconocer sus pecados
  5. Sus palabras e influencia tuvieron un efecto positivo entre los hombres de Israel
  6. Ellos mismos se ocuparon de vestir, alimentar y curar a los infortunados prisioneros. 

La lección que se desprende de esta historia es muy simple: en el día del juicio no serán nuestras creencias las que determinarán nuestro destino. Será lo que hayamos hecho con lo que creemos lo que contará. Solo así seremos aprobados por Dios.
No estoy diciendo que la salvación sea por obras, pues las Escrituras dicen enfáticamente que no es así: "cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador" (Tito 3:4-6).
La Deidad entera hizo obras de misericordia con todos nosotros; nos corresponde pues hacer lo mismo. Finalmente: ¿Prestamos oído a la voz de Dios mediante la Biblia y el don de profecía? ¿Estamos dispuestos a cambiar cuando nos damos cuenta de nuestros errores? ¿Somos de los que echan bálsamo en las heridas de los infortunados?
Recordemos que: "juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio" Santiago 2:13.

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